Friday, April 06, 2007

Acerca de Libro de ojos
Andrea Guiu
Alción Editora
Córdoba, 2006

Por Daniela Spósito. En este bello y extraño libro, el Libro de los Ojos, Andrea Guiu no puede fugar de su oficio: prehende la carne y la convierte en poesía. Poesía que, como la cámara de fotos de la corresponsal de guerra Corinne Dufka, “salta entre los cuerpos y (...) golpea (en) el plexo”[1]. Las cosas del mundo acechan, inescrutables, desde su enigmática indeterminación frente a la cámara de fotos o la pluma que intentan darles presa. Alejados para siempre de lo Real, sufrimos la condena de tener con las cosas del mundo una relación de impostura; enredados entre los límites impuestos por la metáfora, subterfugios. Ningún origen ahí, por detrás o por debajo, ningún reflejo: fotos. Dice Nietzsche: “La naturaleza no conoce formas ni conceptos, sólo una x indefinible e inaccesible para nosotros” [2]. ¿A qué categoría pertenece el Ojo? Ojo/cuerpo. Ojo/carne. Ojo reticulado de nervios. Ojo/cosa. Ojo/ mundo. El ojo está ahí, puro enigma, presencia interpelante. La mirada, en cambio, en su mirar, ya impone un orden, unas determinaciones. Construye y en esa construcción escópica, irremediablemente situada y limitada (por la luz, la perspectiva, la memoria, el deseo y el miedo), se aleja del mundo que pretende aprehender: conoce objetos.
El Ojo, Real. La mirada, imaginaria. “Usted nunca ve sus propios ojos –dice Barthes- a no ser que estén embrutecidos por la mirada que posan en el espejo o en el objetivo de la cámara (me interesaría sólo ver mis ojos cuando te miran). Aún y sobre todo respecto a su propio cuerpo, usted está condenado al imaginario”[3]. Pero también, uno nunca ve los ojos que miran los propios. Siempre, la distancia imaginaria de la mirada.
La poeta quiso un libro de ojos, no sólo de miradas. Limitada por su propia mirada, atrapada en una interminable cadena de sustituciones sin término inicial, no pudo dar cuenta de los ojos.
Entonces, los dibujos. Y en los dibujos de Andrea, algo de lo irrepresentable, algo de otro orden: un resto espectral en el ojo del ave o de la bestia. Un ojo que no es el de Edipo, que ha visto y sabe demasiado. Ojo animal como el enigma mismo de las cosas en su soledad-; infigurable; inescrutable corazón de las cosas. Anónimo ojo/carne, obstinado, no descriptible ni asible. Ojo/Real. Ojo/cuerpo. Ojo/mundo. Salvaje cosa, el ojo, cosa entre otras cosas del mundo. Los ojos del Libro de ojos nos incomodan. Lo sabemos: “tarde o temprano (esos ojos) no dejarán de sobresaltarnos”[4].
Escribir es pretender encontrar algo escondido y, en su lugar, encontrar siempre otra cosa: la escritura. Nunca el ojo es lo que encuentro debajo del maquillaje. El stripper advierte, detrás del “velo, el antifaz, la máscara astringente (...) la última partícula de rimmel, las pestañas postizas”[5], su fracaso. Debe recomenzar una vez más. Y recomienza. Escribe.



Daniela Spósito
Córdoba, setiembre de 2006

[1] Guiu, Andrea. Belle de jour, en Libro de Ojos.
[2] Nietzsche, Friedrich. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral
[3] Barthes, Roland. Roland Barthes por Roland Barthes (Monte Avila editores)
[4] Rosa, Nicolás. Exhortación, en Relatos críticos cosas animales discursos (Santiago Arcos editor)
[5] Guiu, Andrea. Stripper, en Libro de Ojos (Alción editora)

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